La calle Estafeta, memoria viva del casco antiguo de Pamplona
Javier Rodrigo
Pamplona, 11 jul (EFE).- La Estafeta es probablemente la calle más conocida de Pamplona dentro y fuera de nuestras fronteras, tal vez por el protagonismo que esta vía de unos 300 metros de longitud, enclavada en el casco viejo de la ciudad, tiene en los encierros de los Sanfermines.
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Su nombre procede de la primera oficina de correos de la ciudad, instalada en 1716. Antes de adoptar esta denominación, en el siglo XV se llamaba calle de los Carpinteros de Navarrería porque en la zona se agrupaban los talleres de estos artesanos.
“Luego se hizo el castillo en la plaza del Castillo y esto se llamó rúa tras el Castillo, hasta que finalmente se acabó llamando calle San Tirso porque aquí hubo una basílica que estaba dedicada a san Tirso”, ha explicado a EFE el periodista y escritor especializado en la historia de Pamplona Juan Echenique.
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La Estafeta, una calle con una ligera pendiente del 2 %, es un clásico de los recorridos turísticos que explican la ciudad a través de tres grandes hitos: el Camino de Santiago, el encierro y los tres burgos medievales.
“Esta es, sin lugar a dudas, la calle más conocida, sobre todo fuera de Pamplona”, ha destacado Echenique.
Las visitas guiadas que recorren el centro histórico la incluyen como uno de los lugares con mayor carga de tradición de la ciudad, junto a la cuesta de Santo Domingo, la plaza consistorial, la curva de Mercaderes o la propia plaza del Castillo.
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Si hay un momento en el que la Estafeta adquiere dimensión universal es durante los encierros de san Fermín, que pasan por esta calle desde 1867. Si se tiene en cuenta que el encierro tiene unos 850 metros, ha subrayado Echenique, aproximadamente un tercio del recorrido transcurre por esta calle. Por eso, ha dicho, "es tan relevante, aparte de que seguramente es donde se producen las carreras más espectaculares”.
“Es tradicionalmente donde se producen las cogidas más graves. Seguramente porque al principio los toros corren a muchísima más velocidad que los corredores”, ha comentado el escritor.
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La concentración de público durante las fiestas también deja su huella. En Sanfermines, la zona de Estafeta, junto con Calderería y Labrit, es uno de los puntos donde más vasos reutilizables se distribuyen, reflejo de la elevada afluencia de personas. En los controles policiales del casco antiguo, su entorno aparece de forma recurrente como área de vigilancia vinculada al ocio nocturno.
Pero esta calle es también una arteria comercial y hostelera de referencia en la ciudad y ha sido objeto de propuestas municipales orientadas a mejorar la accesibilidad de sus locales, con el objetivo de eliminar barreras arquitectónicas y garantizar que cualquier persona pueda acceder a todos los establecimientos, muchos de ellos bares y restaurantes donde disfrutar de la gastronomía local.
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A lo largo de la Estafeta, bares y restaurantes combinan tradición e innovación en pequeñas creaciones, los pinchos, que reflejan el producto local, desde clásicos como el jamón ibérico o la tortilla de patata hasta propuestas más elaboradas con ingredientes de temporada. El ambiente es animado durante todo el año y especialmente en fiestas, en las que la gastronomía forma parte esencial de la identidad pamplonesa.
La Estafeta no es solo una vía de paso; es un relato urbano donde conviven la memoria postal que le dio nombre, la épica del encierro, el pulso del comercio, la solemnidad de las recreaciones medievales y la vida cotidiana de un casco antiguo que sigue reinventándose. En sus 300 metros se condensa, como en pocas calles, la historia y la proyección contemporánea de Pamplona. EFE
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